Bárbara Hendricks: Cantar jazz me da sensación de libertad
La ganadora del Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en el año 2000, recalará esta noche en la histórica ciudad de Salamanca para llegar mañana a la capital española.
Parece que lleva bien el sofocante calor instalado por toda la geografía española, por la que, asegura, le gusta viajar, por la "belleza del país, su cultura y su historia, y por supuesto, la comida".
Nacida en Stephens (Arkansas), Bárbara Hendricks debutó en 1974 en la Opera de San Francisco y en el Festival inglés de Glyndebourne, iniciando una carrera lírica que abarca más de una veintena personajes de ópera y una fructuosa trayectoria como solista.
Su debut en el mundo del jazz fue en 1994, en el Festival de Montreal, y fue precisamente gracias al jazz que visitó España el año pasado.
"Me sorprendió mucho, no tenía idea de que había ese interés por el jazz en España, es una faceta del público español que desconocía", agrega la artista, quien se congratula de que el interés por esta música "está por todas partes".
No oculta su pasión por este género, el cual, afirma, "es un "enlace directo con Africa y verdaderamente una música internacional" muy respetada en Europa.
No obstante, insiste: "no canto para el público de jazz de manera diferente a como lo hago para los espectadores de música clásica. Trato de darme al cien por cien en todo lo que hago y amo toda la música que canto".
Hendricks, que vive desde 1977 en Europa (es ciudadana sueca), se siente privilegiada por llevar consigo ambas culturas.
"Para mí, es una enorme riqueza poder cantar jazz, con unos maravillosos músicos jóvenes europeos -en referencia a la banda que la acompaña, la Magnus Lindgren Quartet-, y cantar a Mozart", en referencia a su repertorio clásico.
De hecho, este mismo mes tiene previsto cantar en sendos conciertos en Segovia (centro de España) y Menorca (isla balear) un recital con un programa compuesto por obras de Beethoven, Poulenc, Mahler, Granados y Duparc.
Habla maravillas de la Magnus Lindgren Quartet, con la que comparte escenario en esta gira, en la que todos los conciertos se componen del mismo repertorio, las mismas canciones (de Cole Porter, Duke Ellington o George Gershwin), aunque "nunca se hace de la misma manera".
Esta es, precisamente, "una de las grandes diferencias con la música clásica. Cantar jazz me da una gran sensación de libertad. Puedo sentir más espacio", aclara esta mujer luchadora y comprometida socialmente.
No solo es dueña de una privilegiada voz, sino también embajadora de buena voluntad del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y en 1998 creó la Fundación Barbara Hendricks para la Paz y la Reconciliación, para prevenir conflictos en el mundo y buscar la reconciliación.
"Soy optimista básicamente por naturaleza. Siento que cuando estas decaído tienes que alzar la vista, porque, además, tengo hijos, y no quiero que el mundo permanezca como es ahora", recalca al ser preguntada por su pronostico del futuro.
Firme defensora de la democracia, aboga por la participación de los ciudadanos en las instituciones, confía en las generaciones jóvenes y no está dispuesta a "rendirse" ante las dificultades, ya que -dice- "no quiero vivir en una sociedad en la que la mayoría de la gente vive en prisión"
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