El "huracán" Madonna levanta la ira de Iglesia Ortodoxa a su paso por Moscú
La "osadía" de cantar suspendida a una cruz durante su espectáculo fue calificada por los cristianos rusos como un "insulto a los sentimientos de los creyentes" y una prueba de que la cantante estadounidense ha pasado a estar "bajo influencia del diablo".
Pero ni las protestas ni las amenazas -la mafia rusa amagó con secuestrar a sus dos hijos si subía al escenario-, impidieron que Madonna sacara adelante su concierto sin modificar un ápice su programa. Hubo así "crucifixión" y corona de espinas durante su controvertida interpretación del "Live to tell".
En un despliegue sin precedentes, unos 7.000 policías, la mitad de ellos apostados alrededor del estadio Lujniki, velaron por la seguridad de los 50.000 asistentes, que ignoraron el llamamiento al boicot de los ortodoxos rusos.
Fuera del recinto una decena de manifestantes fueron arrestados mientras otros muchos trataban afanosamente de convencer a los fans para que dieran media vuelta y regresaran a casa.
La Iglesia Ortodoxa había intentado por todos los medios impedir la primera actuación de Madonna en el país, con protestas callejeras en las que hasta se quemaron retratos de la artista.
Finalmente y por seguridad, se cambió la ubicación del concierto, en un primer momento previsto en el Borobiovie Gori, el punto más alto de la ciudad, y la fecha, para no coincidir con el aniversario de los atentados del 11 de septiembre. Pero el concierto, con las entradas agotadas, se mantuvo en pie.
La cantante de 48 años no entiende sin embargo a qué viene tanto ruido, no sólo en Moscú, sino en casi todas las ciudades donde ha hecho escala la reina del pop, desde Roma hasta Los Angeles, pasando por Amsterdam, Praga o Berlín.
"No creo que Jesús se enfadara conmigo por el mensaje que intento enviar", declaró el pasado mayo cuando la gira "Confessions" daba sus primeros pasos y empezaban a arreciar las críticas. Para la cantante, su "crucifixión", acompañada con imágenes de niños africanos hambrientos, sólo persigue despertar la solidaridad hacia los menos favorecidos.
De todas formas, a Madonna la controversia parece sentarle muy bien: en 1989, su clip de "Like a prayer", en el que aparecen varias cruces católicas en llamas, arrancó la condena del Vaticano, pero hoy día ese vídeo musical es uno de los más famosos de la historia.
En efecto, muchos se han sorprendido de la paradójica relación de Madonna con la religión, por la que ha demostrado su devoción trasgrediendo las propias normas del catolicismo.
Sin embargo en casa Madonna parece ser una practicante modelo. De niña, creció bajo una estricta disciplina católica de la mano de su padre. Sus dos hijos, Lourdes y Rocco, siguen una educación ejemplar, y el segundo fue bautizado poco después de su nacimiento, en 2000.
La constante búsqueda de sí misma le llevó en 1997 a abrazar la Cábala, una corriente esotérica judía, a la que le ha dedicado desde entonces su tiempo, esfuerzo y dinero: varios millones de libras esterlinas, según la prensa.
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